Lo que he aprendido del Yoga

Lo que he aprendido del Yoga

Yoga significa UNIÓN, ¿unión con qué? Unión con Dios. El yoga no se trata de religión, va de conexión. De hecho, para practicar yoga no necesitas creer en Dios. Al contrario, el yoga te invita a experimentar tu Divinidad Interior que está conectada con el Universo, la luz cósmica.

El yoga no es solo una filosofía, no es una religión, no es ejercicio físico, es una cosmovisión del Universo dentro de ti y del que se expande más allá de esta realidad como del tiempo y el espacio.

En el microcosmo, es una herramienta que nos ayuda a purificar nuestro cuerpo, energía, emociones y pensamientos, con el fin liberarnos del sufrimiento y abrir nuestra consciencia de Dios que habita en nosotros. Es un camino para despertar la consciencia del amor incondicional, de lo permanente, del UNO. Esa consciencia es la que nos permite absorber el Universo que habita y fuera de nosotros en unidad. En consecuencia, la práctica del yoga nos permite experimentar la divinidad en nuestro interior para recordarnos que somos UNO.

Así como todos los caminos llevan a Roma, en el yoga hay distintos caminos. En un principio, el yoga fue descrito hace miles de años en la tradición oral y luego escrita del Bagavag Gita en la voz de Krishna como el camino de devoción, del bhakti. Mucho tiempo después fue sistematizado por a quien se le otorga la paternidad del yoga más cercano a nosotros, a través de los aforismos contenidos en los Yoga Sutra de Patanjali. Los sutras o aforismos son enseñanzas en hilo que nos guían en nuestro proceso para lograr ese estado de unión con la divinidad que en sánscrito se denomina Samadhi o iluminación.

Existen diferentes caminos, está el camino del Bhakti Yoga o el yoga de la devoción o del amor puro, el camino del Dhyāana Yoga que es el camino de la meditación, el camino de karma Yoga que es el camino de la acción, Jñāna Yoga el de conocimiento, Mantra Yoga o japa que es el camino de repetición de palabras en sánscrito y el Hatha Yoga que es el de la práctica física de asanas, pero que todos juntos integrados conforman el Yoga.

El camino que conocernos en occidente se deriva del Hatha Yoga, que es una práctica física, exigente, que busca purificar nuestro cuerpo, enfocar la mente a través de la respiración pranayama y conjunto de principios de rectitud interna y con nuestro entorno, nos permiten llegara esa Unión o despertar de consciencia. Sin embargo, mayoritariamente, en occidente nos hemos quedado con la parte física de las asanas. Lo cual no está mal, pero es importante saber y entender que ese no es todo el camino, es apenas una pequeña parte del mismo.

Respecto al yoga físico de asanas, que llevo desde los 17 años practicando, entiendo que puede ser confuso al inicio entre tantos "estilos" y puede ser percibido como una alternativa para estar en forma. Y si bien la práctica constante te ayuda a mejorar tu condición física, este no es su único propósito. En una primera fase, practicar yoga es una oportunidad para hacer las paces con nuestro cuerpo, aprender a aceptarlo, escuchar sus ritmos, límites, amarlo y cuidarlo. El cuerpo es nuestro templo, nuestra casa, el vehículo que nos permite encarnar esta realidad material y, por supuesto, cuidarlo de manera consciente es un primer gran paso.

Mi primer acercamiento fue con este propósito. Luego, comprendí que el yoga nos regala muchos tesoros escondidos entres ellos: nos ayuda a calmar nuestro sistema nervioso, a sentir lo que llevamos contenido por muchos años, a despertar estados conciencia, y para mí de las más importante, calmar mi mente. Los beneficios se sienten, aprender a respirar de manera consciente, mejora nuestra postura corporal y el descanso profundo. A nivel sutil, percibir mis niveles de energía, conectar con nuestra intuición, conciencia sobre nuestros chakras y a nivel cosmológico te conecta con el Todo, con la Unidad del ser que vive en cada uno de nosotros.

El yoga me enseñó que Dios no está fuera de mí, sino que reside dentro de mí. Pasé de rezarle a un Dios que está lejano y afuera, a escucharlo dentro de mi ser. El yoga ha significado re-conocer que la Divinidad habita en mí.

En el 2020 mi mamá muere de manera repentina, siendo yo su única hija, no pude ir a enterrarla. Esto me sumergió en un mar de culpas y me pregunté muchas veces dónde estaba Dios. Fue un momento de mucha oscuridad porque me encontraba sola en otro país. Ángeles que aparecieron en mi camino me abrieron las puertas de su casa y de su corazón. Me sentí perdida y lo había perdido todo, mi país, mi madre y todo lo que era conocido para mí. Pasé días en shock, sin ánimo de nada, al punto de sentir que mi vida ya no tenía sentido. Una tanatóloga me hizo ver que estaba llevando al suicido. En ese instante, levantarme casi sin fuerzas a hacer yoga se convirtió en mi refugio seguro. Mover mi cuerpo y con ello mis emociones implicó un renacer. Recuerdo que una noche llegó a mí un mantra que comencé a repetir sin saber muy bien qué significa. Fue el mantra Om Namah Shivaya. Empecé a recitarlo con fuerza, entre lágrimas y en un momento de trance apareció mi mamá, bella, vestida blanco, sonriendo. En ese momento, supe que había algo más allá, que la muerte sólo era física, pero su presencia, su amor, seguía conmigo y guiándome en cada paso. Mi práctica de yoga se intensificó y con ello se amplió mi percepción para conectarme con la Divinidad. Practicaba 2 veces al día con mucha intensidad y meditación. Al punto que sentí en mi corazón el llamado a ser profesora de Yoga.

Hacer yoga para mí ha significado conectar con mi divinidad, es mi momento sagrado que me permite estar en comunión con mi lo más sutil dentro de mí y con Dios. Es hacer silencio, parar la mente, para escuchar la paz y la calma. Cuando me siento con mis piernas cruzadas en medio loto, enderezó mi espalda, cierro mis ojos y comienzo a respirar, allí en ese estado de conexión puedo sentir el campo cuántico y energético que somos. La vida diaria nos hace estar dormidos en la sobrevivencia, el drama y el ego, por lo que nos cuesta percibir esa divinidad que está en nuestro ser. Ahora siento la presencia de Dios en todo, entiendo que cada vida es sagrada, que cada cuerpo es sagrado y por esa sacritud el amarnos unos a nosotros mismos, ser compasivos y aprender cada día a no juzgar es vivir en amor. Asimismo, tener un buen diálogo interno bonito conmigo misma, hábitos sanos, un ritmo más lento y amable conmigo, respirar profundo, moverme con gentileza y aprender a escucharme es el camino que me permite mantener la conexión con todo y con la divinidad. Esto es YOGA. Yoga no es solo asanas complicados, breath work o tener un estilo de vida saludable, es conectar con la profundidad de tu ser y allí en esa intimidad sentir la presencia de Dios, sentir su amor incondicional, su luz y su paz. Y es allí, cuando ese concepto hermoso de Jesús de Amor cala porque conectamos con ese amor desde la carencia de no ser ese amor, sino encarnar ese amor dentro de nuestro ser.